Cerré mis ojos, guardando en la memoria la mágica composición de los últimos rayos de sol acariciando el Cuerno de Oro. Un turquesa anaranjado embellece las aguas del Bósforo, y la orilla dorada recoge sus enaguas arropando las primeras luces tenues de las viejas casas de la eterna Estambul. En mis pupilas la imagen de las mezquitas alzadas con los minaretes agitados, el canto del último rezo del día, ha iniciado. Por eso he cerrado mis ojos, todos mis sentidos quieren escuchar ahora, mi piel quiere secuestrar las solemnes voces de los muecines que recorren el cielo de la ciudad. La magia cantada, envuelve al espíritu estremecido y lo sosiega, con el fin de despertar mi mirada de nuevo y reencontrar la belleza del atardecer.
Desde las alturas de la Torre Gálata, veo como Estambul se ilumina poco a poco. A mis pies las calles enredadas caen en vertical hacia el mar, desembocando en pequeños restaurantes de pescado que decoran toda la orilla. Mis tres compañeras de viaje y yo, estábamos atrapadas por la quietud y la paz que el momento ofrecía; habíamos subido cuando deslumbraba el sol e íbamos a bajar acariciando casi las estrellas.
Oscuro, atravesamos el puente de los pescadores, las horas nos habían encantado en las alturas, era hora de volver al barrio de Sultanahmet, la parte antigua de Estambul. Tras un par de días en la ciudad, estábamos embrujadas por la Mezquita Azul, cuya grandeza y solemnidad crearon un conjuro que día tras día nos arrastraba a contemplarla de nuevo. Justo detrás de ella, un pequeño restaurante formaba parte de la pócima.
Volvimos a mirar de frente a la gran dama de azul, y unos susurros nos acaramelaron hasta el chico que leía la carta del restaurante. En un inglés perfecto y un español casi aprendido, nos convenció para saborear los platos principales del menú. De tez morena, sus ojos negros se clavaron en mí desde el principio. Cenamos entre miradas, sonrisas y descaros, y nos dejamos llevar los dos por la medianoche hasta una tetería escondida en un cementerio dónde sirven el mejor té de Estambul.
Allí, con tropiezos en inglés y español, hablamos de mil cosas y la aventura carnal que se preveía se maquilló de sentimientos y de pasión. Una pasión alejada de la cama y cercana sólo a un único beso que iba a estar siempre presente. Las inquietudes que mezclamos tomando té, caminarían hacia un compromiso etéreo, mágico.
Él era kurdo, llevaba algunos meses en Estambul sobreviviendo. Atrás dejaba su casa de las montañas del sudeste, una zona empobrecida a causa del enfrentamiento entre el ejército y el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán). Su pueblo se considera el mayor pueblo sin Estado, ya que se calcula que lo integran más de 25 millones de personas. Supe de la tragedia oculta del Kurdistán turco, de cómo él y su familia, junto a millones de familias más, luchan para que su nombre y su cultura no quede prohibida. La comunidad internacional ha querido borrar su realidad y esencia, pero no pueden, existe, y ahí estaba yo sentada con un activista kurdo, que gritaba su nombre, sus costumbres, su historia y su identidad.
La “Pasión Turca” que ensoñaba en Occidente antes de partir nada tenía que ver con la Pasión Kurda que me brindaba Oriente. Me prometió escribir y relatarme como un cuento la lucha contra su opresión; le miré y abrazándole fuerte sellé mi apoyo a su libertad. Este encuentro se iba a transformar en mil y una cartas escritas por su voz. Mis manos abrirían cada sobre, haciendo llegar sus palabras a mi pueblo, invisible ante la realidad kurda. Antes de marchar hacia el hotel, nos besamos hechizados ante la Dama Azul, el encantamiento acababa de iniciar.
Autora: María Dolores Haro Barrionuevo
Etiquetas: estambul, kurdistan, mezquita azul, relatos, torre galata, turquia







Profunda historia de opresión coloreada por las bellezas de Estambul. Gracias a la autora por recrear un viaje desde tantas perspectivas.
exelente muy conmovedora y casi poetica historia.
SÓLO ALGUIEN CON TANTA SENSIBILIDAD, ES CAPAZ DE RELATAR UNA HISTORIA TAN CONMOVEDORA, HACIENDO QUE LO VIVAMOS EN NUESTRA PROPIA PIEL.COMO SI ESTUVIÉSEMOS ALLÍ. GRACIAS POR COMPARTIRLO.
Realmente bonito, me ha gustado mucho.
Realmente bonito todo él, tanto por l contenido como por las imágenes usadas. Me ha gustado mucho.
REALMENTE HERMOSO, TANTA MAGIA SE TRANSMITE Y SE PERCIBE. SE DEBERIAN ESCRIBIR CON MAS FRECUENCIAS RELATOS SEMEJANTES.
DE TODO LO QUE HE LEIDO DE LITERATURA, SIEMPRE ME GUSTO AQUELLOS AUTORES QUE SABIAN DESCRIBIR EL ALMA DE UNA CIUDAD. TU HAS LOGRADO ESE OBJETIVO.
Realmente bello,describe el alma de artista y la sensibilidad humana de la autora
Un relato precioso, me ha emocionado!
Mil gracias a todos y todas, me alegra que la magia y la realidad de Estambul os esté “encantando”…
hermoso relato…..conmovedor espero que la autora siga enriqueciendonos con su prosa un abrazo a todos
Me ha gustado mucho, está cargado de muchas emociones.
Precioso eres maravillosa escribiendo, mil besos
muy bonito el relato.
Desconocia esta faceta en ti, pero sigue escribiendo que lo haces muy bien.
Ha sido realmente mágico lleno de emociones encontradas, Me ha encantado me dejo con ganas de seguir la historia y conocer de cerca la magia que los envolvió !!