Relato escrito por Sergio Rodriguez. 1 de agosto de 2011. Segunda feira (Porto de Mos-Fátima-Tomar) Portugal
Si comenzáramos la narración del día por las travesuras y las anécdotas acontecidas, podría darse una idea irreverente y cuasi sacrílega de los protagonistas de este viaje por Portugal, pues el padre no tiene más remedio que hacer aguas menores en las tapias del cementerio de Porto de Mos; padre e hijo roban más tarde parte de una ofrenda floral (un delicioso melocotón) depositada bajo la azinheira (encina) de Fátima, y por último, el hijo se queda dormido en el claustro del Convento do Santo Cristo de Tomar, y han de ir a rescatarlo de su sueño, cual sueño de Jesé, las mujeres del personal cual buenas samaritanas.
Pero ni se orina con ofensa —sino por necesidad y fuera del camposanto, sin faltar a los muertos— ni se cae en ultraje, saqueo, expolio o profanación, por hurtar un melocotón de un montón de fruta que se pudriría sin remedio, como todos los mortales, tal y como diría un cura de los que por allí pululan, santuario adentro, santuario afuera, capelinha atestada de gente, sobre todo cuando se pone a llover, porque el día ha amanecido así, nuboso y grisáceo, y no vamos a pedirle a la Virgen que haga un milagro para acomodarnos el clima a nuestros días de vacaciones, pues eso sería pecado de egoísmo. Y los pecados deben arder como los cirios en esa pira a mano derecha, el toucheiro, donde se queman velas y exvotos de cera y donde surgen llamaradas como si subieran desde el mismísimo infierno. Porque resulta un tanto siniestro y macabro ver cómo se consumen manos, brazos, cabezas, cuerpos enteros…, trayendo recuerdos de otras piras y otros tiempos, aquellos de la Inquisición en la mente de todos los que hayan leído un poco de historia.
El humo que sale del toucheiro de Fátima, negro y de olor penetrante, contrasta con la blancura de la fachada y la columnata de este santuario, que apenas pasa de los 60 años de historia (es, en este sentido, tan pobre históricamente como el Palacio da Pena). Se me replicará que el santuario es consecuencia del milagro, y que sin milagro no habría santuario. Y el milagro fue cuando fue, unos cuantos años antes que la construcción. Y allí están también los cuerpos de los pastorinhos, en lugar preferente: al lado derecho de la nave del templo, Francisco, y a la izquierda las hermanas Jacinta y Lucía. Qué menos, cuando ellos lo vieron todo. Bueno, todo no, porque la basílica de 69 metros de planta por 30 de altura, más una torre de 65 metros, la vio sobre sus planos un arquitecto curiosamente ¡protestante!, G. Van Kriecken. La explanada por donde arrastran sus rodillas algunos peregrinos, o van a cuatro patas, como una señora que vemos hoy, a la que anima por tramos su hijo, también a cuatro patas, la concibió en 1949 Cottinelli Telmo, un hombre más católico y más en consonancia con este lugar. Y la columnata, que recuerda, obviamente, a la del Vaticano, es obra de Antonio Lino, y del año 1951.
Ni que decir tiene que, para unos ojos laicos y no fervorosos ni supersticiosos, Fátima no es un espacio que apasione. Casi conmueven más las sencillas tumbas y las humildes fotos de los pastorinhos, que buena la montaron con sus visiones marianas. Y como todos los elementos de la historia del cristianismo, contrastan sus sencillos orígenes entre pescadores, catacumbas y vidas humildes, y el desarrollo posterior de la doctrina y el poder de la Iglesia.
Pues aquí también, más de los mismo: la pequeña capilla das apariçoes, donde está la columna ante la que se desarrollaban los pastorcillos, contrasta con la grandilocuencia de la gran mole de la basílica. Humildad y grandeza. Los curas de Fátima, y en general todos los ministros de Dios (o del Vaticano) nos dirían que no ven contradicción alguna entre ambas cosas, y que la verdadera grandeza está en la humildad. Pero nosotros no estamos para echar sermones, ni para escucharlos. Por tanto, nos vamos de Fátima, porque empieza a llover.
Y mientras atravesamos la gran explanada, vemos a varios perrillos, aparentemente sin dueño, que juegan entre sí. Uno de ellos ha estado tumbado en la senda de los penitentes todo el rato, hasta que ha llegado la primera penitente arrastrando sus rodillas. Entonces, el perro, sin que nadie le dijera nada, se ha levantado y ha dejado paso a los humanos y sus peticiones y sacrificios. Recordamos y mencionamos al perro de San Roque, patrono de la villa natal del escribiente: Viana do Bolo. Que conste.
Comida en Fátima huyendo de la lluvia, en un sitio llamado Arcos de Fátima, donde nos dan una comida sencilla de la tierra: lombo de porco ao forno, robalo grilhado e pudim da casa. Finalizado o jantar, y antes de encaminarnos a Tomar, curioseamos en la tienda de souvenirs. Una moza nos explica que solo los permiten envasar el agua de Fátima en frasquitos de cristal, nunca de plástico. Verdad o argumento para turistas, a saber. Que cada uno crea lo que quiera. De paso por Ourém, nos fijamos en la avenida del Condestable Nuno Alvares Pereira, cuya estatua ecuestre hemos visto guardando el Monasterio de Batalha. Aquí se guardan sus restos, en la Colegiata de Nossa Senhora da Misericordia.
Y el camino hacia Tomar sí que es una auténtica peregrinación viajera apasionada por conocer la ubicación del centro templario de Portugal, elegido personalemnte por el segundo maestre del temple en este país, Gualdim Pais. Eligió la margen derecha del río Nabao. Pero no acudimos a su castillo, sino al centro de una de las joyas de todo el románico portugués, la llamada charola, del siglo XII. El templete octogonal de dos niveles inspirado en el Santo Sepulcro de Jerusalén, que alberga el Convento do Cristo. Ya habíamos presenciado otro templete en la iglesia de El Salvador, de Segovia, aunque más modesto, tanto en dimensiones como en elementos y materiales. Lo que
aquí vemos es impresionante se mire por donde se mire. Y para mirarlo bien hay que rodearlo varias veces: este templete está contenido dentro de una nave de 16 lados, quedando entre ambas un deambulatorio circular. Y para los amantes de la simbología, he aquí también buenas dosis, pues hay 16 arcos de medio punto que unen radialmente las ocho aristas del templete y los puntos medios de sus muros con las correspondientes aristas del recinto exterior, cubriendo este deambulatorio con una bóveda de cañón circular. Dicen que ha habido curiosos, estudiosos, que han medido todo esto con cinta métrica y transportadores de ángulos, para encontrar las supuestas claves secretas de la Orden Templaria. Nosotros no hacemos tanto, no medimos nada. Nos lo creemos, como otros creen en las apariciones de Fátima.
Y es que este convento cautiva. A simple vista, parece un castillo de planta circular; un torreón robusto como el tronco de una sequoia de 16 lados, reforzado con contrafuertes que suben hasta su cima, coronada de almenas, como un castillo, lo dicho. Invita a una
ascensión de la mirada. Inevitable. Pero el Temple tuvo su ocaso, de todos es sabido, con la ejecución de su gran maestre, Jacques de Molay, en París. Y en Portugal tuvieron su refugio muchos caballeros monjes templarios.
Y en 1357, regresaron aquí con elnombre de la Orden de Cristo, heredera directa del temple e impulsora de las expediciones transoceánicas de los grandes marinos portugueses. El infante Henrique o Navegador o Enrique el Navegante, del que hemos hablado ya cuando visitamos Batalha. Vivió en este lugar cuando fue palacio además de convento.
Y aquí descubrimos a otro artista español afincado en Portugal (como la pintora sevillana Josefina de Obidos). Se trata del arquitecto santanderino Juan del Castillo, rebautizado en tierras lusitanas como Joao de Castilho. Él tuvo la osadía y la pericia de convertir la iglesia románico-gótica en capilla mayor de un nuevo templo. Abrió en el muro principal un arco ojival, y sin que se cayera nada.
Y así comienza tal profusión de niveles distintos, claustros distintos, hasta siete, que uno se pierde en una embriaguez estética total. Hay un sala do capitulo más baja que la principal y debajo del coro con bóvedas que dan la impresión de ser casi planas. ¿Y cómo se sujeta todo esto?, se pregunta uno. Esto sí que es un milagro. Recuerdo ahora haber visto algo parecido en el monasterio de Oseira, en mi natal Ourense. Y atención, porque esta do capitulo llama a uno a capítulo y hay que verla por dentro y por fuera. Y por fuera presenta la célebre janela do capitulo, un ventanal manuelino que le deja a uno de nuevo con la boca abierta y con ojos fuera de sus órbitas.
La visita a la janela se hace desde uno de los siete claustros, el de Santa Bárbara, del que fue eliminado el segundo piso precisamente para facilitar la contemplación de la ventana. En fin, un juego permanente de magia en piedra a través de los siglos. Y pasamos a otra joya del convento. El claustro grande o claustro dos Filipes, donde entra en escena otro español y muy ilustre: nada menos que nuestro Felipe II, proclamado aquí Felipe I de Portugal y apoyado por los caballeros de Cristo, pues en la historia de este país también hay de todo: no les tembló la mano para vencer a los españoles en Aljubarrota, pero tampoco tuvieron inconveniente algunos en apoyar a un rey para
ellos extranjero.Y aún quedan para visitar los claustros do Cemiterio, el de la Lavagem, o de las abluciones; el más antiguo, el de la Hospedería, el de la Micha, donde se le daba comida a los pobres, y el de los Corvos.
En la actualidad, parte del convento está ocupado por un hospital militar, aunque no hemos visto ningún uniformado. Estamos, pues, en un recinto religioso castrense, como lo fue en sus inicios. Sus primeros moradores eran monjes guerreros. Tampoco los hemos visto, pero sí sus obras que ahí siguen más de ochocientos años después. Cuando abandonamos el convento, también comienza a lloviznar. El personal que aquí trabaja va cerrando las puertas porque es ya la última visita del día. Uno de ellos va tocando un campanilla para que nadie se quede atrás. Una campanilla que va resonando en las distintas estancias como si la fuera tocando un lego o un novicio llamando a todos a la hora del ángelus. Pero hay alguien que se queda dormido en uno de los claustros y no escucha la llamada. Alguien que no parece tener vocación ni de monje ni de guerrero. Y el que no adivine su identidad, que vuelva al inicio de este capítulo viajero.
Autor: Sergio Rodríguez
Etiquetas: fatima, porto de mos, portugal, relatos, tomar, viana do bolo














¡Que bueno! Un gran narrador y un sutil contador de historias. Que no me haya gustado Fátima (salvo por su interés sociológico) cuando yo pasé por allí hace años y que, sin embargo, haya disfrutado tanto con este relato viajero es una muestra del buen hacer de su autor. ¡Bravo!
Gracias, hermana. La generosidad es un rasgo propio de almas cristianas. O no.
Este relato ha despertado mi sed viajera, ha cambiado mi imagen de Fátima (nunca pensé que daría para tanto), me ha hecho viajar por el espacio-tiempo hasta sumergirme por unos momentos en la fascinante vida templaria y me ha descubierto un lugar, Tomar, al que ya no puedo dejar de viajar;y todo, mientras me despertaba una sonrisa (lo que siempre es de agradecer) Se me ha hecho muy corto ¿podrías escribir más?
Gracias. Intentaré extenderme en la escritura. Aunque para ello tenga que conducir también más kilómetros, algo que no me gusta. Sacrificio de conductor.
Valga mi comentario del articulo de Obidos,como decía se puede quizás con mucha dificultad igualar,mejorar sera misión imposible,y siento una envidia sana de no formar parte de ese jurado,porque hay que ver que ¡¡ fácil lo tienen para conceder el premio !!
¡Qué recuerdos más bonitos de mis viajes a Fátima!
Enhorabuena por este magnífico artículo, me ha hecho recordar mis maravillosos viajes a Portugal,las visitas al monasterio de Tomar y a los monasterios de Batalha y Alcobaça, el castillo de Leiria, el pueblecito pesquero de Nazaré… Lo dicho, me ha encantado este artículo¡muchas gracias por traerme a la memoria recuerdos tan maravillosos!
Gracias, Josefina. Voy a intentar seguir trasncribiendo de mi cuaderno de viaje a este blog. Próximo capítulo: Mafra…
Bueno, ya lo dejo para otra ocasión. U otro blog. Porque aqui ya se ha decidido la gran final. Obrigado.
Insisto: El hecho de que tras el título vaya el nombre de Beatriz Gómez induce a pensar que ELLA es la autora del relato…El nombre del autor va, al final, y en letra pequeña. Como en los seguros y las hipotecas… No me parece rigurosamente “moral”.
Responder
Sergio,
Cuando hicimos el concurso de relatos, teníamos otro diseño en el blog. Y en ese anterior diseño si que se veía mejor quién era el autor del relato. Estoy de acuerdo contigo en que ahi debajo de la foto no se ve bien. Te subo arriba tu nombre.
saludos!